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«Héroes de la Antártida. Historia del descubrimiento del continente blanco», de Javier Cacho

¿Alguien puede negar que la Antártida es un continente insólito? Su extraordinaria condición geográfica, al sur del círculo polar antártico, condiciona su clima extremo. El frío, el hielo y los vientos moldean un paisaje desértico, despoblado, en el que solo prosperan algas, hongos y bacterias. Su fauna es mínima ‒pingüinos, lobos marinos, petreles y poco más‒, pero esa dimensión casi fantasmal cautiva nuestra imaginación, y lo más importante, invita a los científicos a estudiar allí cuestiones que afectan a todo el planeta.

Sin embargo, y pese a la modernidad tecnológica que caracteriza hoy a las bases antárticas permanentes, el aspecto glacial de esos parajes viene a ser, sobre todo para el lego en la materia, un sinónimo de aventura al viejo estilo.

Lo más probable es que la exploración de ese territorio comenzase con el avistamiento del español Gabriel de Castilla en 1603. Poniéndonos en su lugar, cabría redefinir lo que significa la Antártida a partir de lo que sintieron este y otros navegantes que, a lo largo de los siglos, alcanzaron estos hielos eternos.

Ventiscas de nieve y agua helada: así queda resumido el desafío. No es mucho, pero sí ‒espero‒ lo suficiente para invitarles a leer Héroes de la Antártida, un libro evocador y documentado a partes iguales. Y cuando digo documentado, quizá debería añadir que el propio autor conoce muy bien el paisaje que describe.

Viene todo esto a cuento de la relación de Javier Cacho con la exploración polar, que se traduce en obras tan recomendables como Amundsen-Scott: duelo en la Antártida, Shackleton, el indomable, Nansen, maestro de la exploración polar o Yo, el Fram, donde se significan la narración, el recuento histórico y el drama humano.

El libro abarca siglos de peripecia antártica: desde los tiempos en que aún palpitaba la intuición de la Terra Australis Incognita ‒cosas de la geografía mítica‒ hasta la primera etapa de apogeo de los exploradores polares, muchas lunas después, ya en el XIX, cuando el viaje a lugares remotos todavía era una hazaña estimable.

Los navegantes y exploradores que protagonizan este libro son tipos carismáticos, con una curiosidad superlativa y una voluntad de hierro. No puedo decir lo mismo de los cazadores de focas que siguieron la misma ruta, pero hay que comprender el contexto de su actividad, por inmisericorde que nos parezca.

En todo caso, las innumerables imágenes de ese material histórico, a medio camino entre la leyenda y la realidad, adquieren un porte novelesco y se cuelan con facilidad en el alma del lector.

Acepten la nueva invitación de Javier Cacho. Disfruten de esta lectura, pongan rumbo hacia el Sur y que el ángel de los hielos les proteja.

Sinopsis

Este nuevo ensayo del científico Javier Cacho, autor de la trilogía Los héroes de la conquista de los Polos, trata sobre la necesidad del ser humano por explorar el mundo que lo rodea, y en concreto, sobre la historia de esa larga búsqueda y descubrimiento del lugar más recóndito, alejado e inhóspito del planeta: la Antártida. Rodeado por las más grandes extensiones oceánicas, distante de los otros continentes miles de kilómetros, aislado por un cinturón de corrientes marinas y vientos huracanados que, hasta hoy en día, hacen difícil la navegación a su través, el continente antártico ha permanecido ajeno a todo el proceso de colonización de los humanos durante siglos. Filósofos, cartógrafos, geógrafos e historiadores crearon desde la Antigüedad el mito del gran continente austral, al que los griegos denominaron Antarktikos. Pero fue a partir del siglo XVI, y sobre todo en los siglos XVIII y XIX, cuando tuvieron lugar las grandes exploraciones del Atlántico, el Índico y el Pacífico, en busca de esa mítica Terra Australis Nondvm Cognita y toda la exuberancia que prometía. Foqueros, balleneros, militares, capitanes de barco y jefes de expedición se convirtieron en verdaderos líderes que, con decisión y coraje, supieron alentar a sus hombres en tamaña empresa, y protagonizar descubrimientos y hazañas que les hicieron dignos de las palabras de Roald Amundsen: «héroes, en el más estricto sentido de la palabra».

Fueron pioneros como el capitán James Cook, Fabian Bellingshausen, William Smith, los tripulantes españoles del San Telmo, James Weddell, John Biscoe, John Davis, Peter Kemp, Dumont d’Urville, Charles Wilkes, James Ross –quien descubrió el mar que lleva su nombre, marcando la ruta para la conquista del Polo Sur años después a Roald Amundsen y Robert F. Scott–, los hermanos Samuel y Charles Enderby, John Balleny, Adrien de Gerlache o Carsten Borchgrevink –la primera persona que pasaría un invierno en el continente antártico–, o Henryk Bull – cuya expedición pisó por primera vez la Antártida–. Todos ellos prepararon el terreno para los futuros protagonistas de la conquista del Polo Sur.

Javier Cacho Gómez es físico, científico, y escritor. En la actualidad es responsable de la unidad de cultura científica del INTA.

Es conocido a nivel nacional e internacional como autor del libro Amundsen-Scott, duelo en la Antártida. La carrera al Polo Sur; prologado por Manuel Toharia y publicado en la colección Periplos de Fórcola, lleva impresas cuatro ediciones en papel, está disponible en formato electrónico, y de él hay ya disponible una edición en búlgaro. En 2013 ha publicado Shackleton, el indomable. El explorador que nunca llegó al Polo Sur.

En 1976 se incorporó a la Comisión Nacional de Investigación del Espacio (CONIE) donde llevó a cabo investigaciones relacionadas con el estudio de la capa de ozono. En 1985 se incorporó al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) donde durante varios años fue responsable del Laboratorio de Estudios de la Atmósfera.

El descubrimiento del agujero de ozono en la Antártida hizo que volviese su atención a este continente. Así en 1986 fue miembro de la Primera Expedición Científica Española a la Antártida, a donde regresaría los años siguientes, una de ellas en pleno invierno antártico, para continuar las investigaciones relacionadas con la destrucción del ozono.

Precisamente el impacto social que estaba teniendo tan misterioso fenómeno le llevo a multiplicar su actividad divulgadora, que llevaba años ejerciendo como colaborador científico de SALVAT Editores para diversas enciclopedias sobre temas científicos, así publica su primer libro Antártida: El agujero de ozono.

A partir de este momento su actividad profesional está ligada tanto a la Antártida como a la promoción de la cultura científica. Así durante varios años es   Colaborador de la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología (CICYT) en el Programa Antártico Español, Secretario del Comité Nacional de Investigación Antártica de España y delegado alternativo en el Scientific Committe on Antárctic Research. Regresando a la Antártida durante varias campañas de investigación como jefe de la base antártica española Juan Carlos I.

Mientras, en el campo de la divulgación científica y en particular de la ecología  es Coordinador/Editor de varios libros pertenecientes a la colección MEDIO AMBIENTE-FIAT, colaborador científico de la revista Estratos, miembro del Consejo Editorial y del Comité de  Redacción de la publicación Tendencias Científicas y Sociales, Jefe de la Sección de Ecología de la Revista Conciencia Planetaria, Redactor jefe del servicio de noticias de la plataforma de Internet Geoscopio, especializada en temas medioambientales y columnista del periódico La Prensa, publicado en La Paz (Bolivia).

Desde 2018 colabora en el programa “A hombros de gigantes“, de RNE.

En el campo de la narrativa-ficción, ha escrito Las aventuras de Piti en la Antártida, que posteriormente fue publicada en Bulgaria por la Universidad de Sofia. Prácticamente desde que visitó la Antártida por primera vez, comenzó a recopilar libros sobre historia de la exploración de aquel continente, así como a dar conferencias sobre el tema.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.