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Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…

La Guerra de las Galaxias ‒que así se titulaba originalmente, sin el Episodio IV: Una nueva esperanza‒ se estrenó en España en noviembre de 1977: el viernes 4 en Barcelona, en los cines Nuevo Cinerama y Montecarlo, el lunes 7 en Madrid, en el Real Cinema y el Roxy B, y de ahí en adelante, en el resto de las capitales de nuestro país. Hace de esto más de cuarenta años.

Tenía yo a la sazón 13 años. Recuerdo que vi la película con mi padre, en el cine Serrano de Valencia. Fuimos sin demasiadas ganas. Hasta ese día, la ciencia-ficción no era uno de mis géneros favoritos. Me gustaba mucho más el cine de aventuras. Mi madre y mi hermana no vinieron, pues no tenían ningún interés en las películas «de marcianos».

Desde el primer segundo, La Guerra de las Galaxias me fascinó. La primera escena tiene tanta fuerza que te atrapa para siempre. La música de John Williams reforzaba unas imágenes espectaculares. Ese inicio, con la entrada en campo de la proa del destructor imperial, es soberbio e inolvidable. Se ha escrito tanto sobre ello durante estos 40 años que me ahorraré los detalles técnicos.

Quiero solo recordar que hubo un antes y un después de aquella película. Yo quise ser Luke Skywalker, y durante un tiempo, lo conseguí. Aunque poco después lo que realmente intenté fue parecerme a Han Solo. Eso era mas difícil, sobre todo por su pluriempleo de contrabandista galáctico y arqueólogo buscador de tesoros.

Por lo demás, la impecable música de Williams me hizo adicto a las bandas sonoras (¿Cuántas atesoro hoy? ¿Un millar?). Esa banda sonora me animó a interpretar las pistas que nos ofrecía cada melodía… De hecho, la música de cine me devolvió a los brazos de la música clásica, a la que había abandonado en esos años que van de la niñez a la preadolescencia. Fue así como descubrí que Wagner había inspirado a Korngold, y que este, a su vez, bosquejó la fanfarria musical de La Guerra de las Galaxias con su King’s Row. Por otro lado, cuánta belleza refleja Willliams en sus temas mas melódicos e introspectivos.

A La Guerra de las Galaxias le siguió ‒como todo el mundo sabe‒ el resto de las trilogías que forman la saga, y que fui viendo en su momento. El Imperio contraataca (1980) nos dejó a los chavales de nuestra generación con una agónica expectación de más de tres años, al cabo de los cuales pudimos saber qué demonios le había sucedido a Han Solo tras haber sido congelado en carbonita.

Tres años son muchos en plena adolescencia y ya no vi El Retorno del Jedi con la misma ensoñadora ilusión que las dos primeras películas. Fui al cine y por supuesto la disfruté –incluido el sorprendente destape de la princesa Leia–, pero aquella ya no era la misma galaxia y le sobraban ositos de peluche. O a lo mejor, yo había viajado a años luz de aquellos mundos y ya no percibía la Fuerza del mismo modo. Las frases lapidarias que antaño me enardecían y que repetía como un verdadero devoto, ahora me resultaban torpemente trascendentes y hasta algo simplonas. Luke me resultaba demasiado solemne. Ya no era el joven soñador de la primera entrega.

Pero mi gratitud a George Lucas (y a los miles de profesionales que hicieron posible esta maravillosa neo mitología galáctica) es y será eterna. A él le debo algunos instantes mágicos de mi pubertad y adolescencia, y especialmente aquella tarde en el cine Serrano, cuando mi padre y yo descendimos en un Ala-X a las entrañas de la Estrella de la Muerte.

Imágenes: fotografías de 1977 en los cines Roxy B y Real Cinema de Madrid.

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Fernando Navarro García

Fernando Navarro García

Director general de HAC Business School and University, vicepresidente Ética y Responsabilidad Social de Inspiring Committed Leaders Foundation, secretario general de Innovaética y vicepresidente del Instituto de Estudios Panibéricos. Fernando Navarro es licenciado en Derecho y coordinó un proyecto humanitario en Angola. Como profesor, ha desarrollado su trayectoria docente en varias universidades y escuelas de negocios (UNED, Universidad Rey Juan Carlos, Carlos III, ESIC, Instituto Universitario Ortega y Gasset y la Escuela de Profesionales de Inmigración y Cooperación de la Comunidad de Madrid). Asimismo, es coautor de "El fenómeno socialista" (ed. crítica y anotada de la obra de Igor Shararevich, Última Línea, 2015), "El delirio nihilista: Un ensayo sobre los totalitarismos, populismos y nacionalismos" (Última Línea, 2018), "Nueve necesarios debates sobre la responsabilidad social" (Comares, 2019), "Inspirando líderes comprometidos: La innovación en valores, una visión para cambiar el mundo" (Última Línea, 2019) y "¡Eureka! Valores. Principios básicos de ética para las organizaciones" (Última Línea, 2020). Entre sus restantes libros, destacan "Estratégicas de marketing ferial" (ESIC, 2001), "Diccionario biográfico de nazismo y III Reich" (Sepha, 2010), "Hitler: Los años desconocidos" (ed. crítica de las memorias de Ernst Hanfstaengl, Última Línea, 2012) y "Responsabilidad social corporativa: Teoría y práctica" (ESIC, 2012).