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Gracias y gracietas

La actualidad española del indulto me ha hecho desempolvar viejas lecturas como estudiante de derecho, sobre todo por haber leído, antes que esta recuperación, ciertos textos periodísticos forjados con un vocabulario jurídico más barato por docena.

Se habla del perdón que el indulto involucra. En rigor, al delincuente condenado no se lo perdona pues el delito que se le imputó sigue en pie. El indulto no borra ni la imputación ni la condena, sólo atenúa su escala penal, reduciendo el tiempo de prisión o la calidad del establecimiento donde lo cumple. Borrar el delito es cuestión de las amnistías, prohibidas por nuestra constitución. Así el amnistiado puede ser que esté procesado sin sentencia, en libertad, prisión preventiva o prófugo. En ninguno de estos presupuestos le cabe el indulto. Ahorro apellidos.

Tampoco, en rigor, el indulto es una medida de gracia. Esta facultad fue propia de los monarcas absolutos, heredada por los constitucionales aunque recortada por leyes que la reglamentan. Los reyes y reinas de la baraja, por así llamarlos/las, eran invocados/as como Su Graciosa Majestad no por sus gracietas sino por la facultad de indultar en fechas que, supuestamente, los/las conmovían especialmente: cumpleaños, nacimientos y bautizos principescos, conmemoraciones de las coronaciones (plata, oro, platino). A veces se extendían sobre el regio escritorio unos sobres con los nombres de los condenados y SGM sorteaba o elegía a ciegas unos cuantos para graciarlos.

Ambas variantes del indulto son ajenas a la situación española actual. En torno a ella, inevitables, se oyen y leen duelos y quebrantos adornados con insultos: traidor, felón, enemigo de la nación, ofensor del pueblo y un delicado etcétera. Por el lado del gobierno se esgrimen argumentos jurídicos provistos de casos resueltos en diversas situaciones políticas. Sale a relucir el arrepentimiento como argumentación añadida aunque no como condición ineludible. Por fin, se exhiben valores: concordia, conciliación, apaciguamiento y otros etcéteras también delicados. Sale a relucir la venganza, palabra incorrecta en derecho penal. La venganza es privada y carece de procedimiento, la vindicta –base del derecho penal– es pública y se la articula con una colección de garantías procesales. Al fondo, desde luego, está la sociedad que se venga (léase: se vindicta) del daño causado por el delincuente.

Todo lo anterior, incluidas mis vetustas fichas de estudiante, puede ser asfixiado por el vocinglerío habitual de nuestros políticos y los trabajadores mediáticos que los acompañan. Lo que advierto en el proyecto del gobierno es algo de pura eventualidad política. No partidaria sino institucional. En efecto, este ejecutivo necesita los votos de Esquerra Republicana para legislar y la condición puesta por ERC es alguna forma de indulto. De lo contrario, el gobierno quedaría en minoría y debería disolver las Cortes y llamar a elecciones generales. Un gobierno en funciones y sin parlamento apenas puede gestionar los gastos corrientes. Durante meses, y haciendo abstracción de los resultados electorales ¿qué hacer con los flecos de la pandemia y los fondos europeos que se esperan para el verano? ¿Nos abocamos al desorden y el bloqueo?

Mirada en esta perspectiva, la medida, aunque molesta y aún irritante para muchos, resulta sensata. Es lo malo por lo peor, en el peor de los casos, si vale el eco. No tiene gracia, ni Gracia, ni gracieta. El príncipe, decía Maquiavelo, no ha de ser amado ni siquiera admirado, sino temido y obedecido. En cuanto a los reyes, aunque admirados y amados por sus pueblos, ya han dejado de ser Sus Graciosas Majestades.

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")