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«El terror bolivariano», de Pablo Victoria

Fue en 1925 cuando el general Primo de Rivera colocó la primera piedra del monumento a Simón Bolívar en la madrileña plaza de Salamanca. Tras muchos avatares, la estatua ecuestre del Libertador, obra de Emilio Laíz Campos, se completó en 1970, y cuatro años después, pasó a ocupar su actual emplazamiento en otro rincón de Madrid, el Parque del Oeste.

Por lo dicho se sobreentiende que quienes admiran esa estatua ‒españoles en su mayoría‒ no tienen problemas a la hora de interiorizar aquel periodo de la historia durante el cual, por causas bien conocidas, nacieron las repúblicas hermanas en Hispanoamérica.

Aunque el de Bolívar fue un tiempo que alumbró nuevas identidades, estas últimas no son tan distintas como algunos creen, y todas conservan el aire de familia propio de quienes hablamos español, a un lado y otro del Atlántico.

Es cierto que toca sufrir con resignado masoquismo a los propagandistas de la leyenda negra ‒españoles o no‒, empeñados en negar cualquier virtud a la etapa virreinal. Y justamente por eso, también nos hemos acostumbrado a contar la historia de América como una novela de héroes y villanos. Al fin y al cabo, los mitos nacionales que prosperaron desde México hasta Chile consisten precisamente en eso: en un enaltecimiento de lo prehispánico ‒promovido por criollos blancos‒ y en un rechazo del pasado español.

Discúlpenme la obviedad, pero quizá sería mejor insistir en lo mucho que nos une, admitir las luces del Virreinato (no solo sus sombras), y asimismo, valorar las promesas que trajo la independencia de la América española. No hay un camino perfecto a la hora de calibrar el pasado, pero siempre es preferible alejarnos de la mitología, de las ilusiones negativas o de la omnipresente propaganda.

Sin embargo, como ustedes saben de sobra, la realidad es otra. El largo proceso que alumbró nuevas soberanías nacionales nos ha ido polarizando. En buena medida, porque hablamos de cuestiones identitarias, y eso siempre complica las cosas.

La hispanofobia que se incorporó a cierta cultura política americana define la Conquista como un estigma, y la herencia colonial como un obstáculo. En contraste, los españoles no conocen América como debieran. Prefieren repetir lugares comunes, y a derecha e izquierda, simpatizan con los tópicos de su cuerda, pero de forma superficial e indocumentada.

A estas alturas, ya estamos familiarizados la censura del pasado virreinal, de modo que me parece saludable que se sometan al mismo escrutinio las Guerras de Emancipación. Está claro que quienes acaparan el combustible político en ambas orillas preferirían ignorar lo que nos cuenta Pablo Victoria en su libro El terror bolivariano. Me refiero esa estrategia inicial de Bolívar que consistió en fomentar el odio a los españoles, concretado en matanzas de inocentes y en declaraciones de una crueldad formidable.

El punto de vista de este historiador colombiano es original por muchas razones, entre ellas por situarse al margen del maniqueísmo que envuelve a la leyenda bolivariana. En las páginas de su libro, Bolívar aparece con rasgos de tirano, como un antecedente de los dictadores que prosperarían luego en el continente. De paso, descubrimos que el bando español no fue, ni mucho menos, tan maligno como nos contaron.

Incluso los biógrafos más elogiosos saben que Simón Bolívar fue un personaje contradictorio. Un hombre que, además, acabó arrepintiéndose de sus decisiones.

Poniendo mayor énfasis en el furor, el fanatismo y los estragos de su primera etapa, Pablo Victoria retrata, desde estas páginas, a una figura implacable. Un peón de potencias extranjeras, más tarde beatificado, unas veces por necesidad y otras por interés.

Cuando se usa la lupa de aumento, incluso un prócer tan venerado puede ensombrecerse. El problema es que hablamos de mitos fundacionales, y descifrarlos tiene un gran coste sentimental. A muchos lectores americanos, e incluso españoles, les costará admitir las conclusiones de este libro, del mismo modo que a un francés le costaría aceptar que alguien le descubriera la faceta más inicua de Napoleón o las mentiras sobre la Resistencia.

Sin embargo, en esto consiste la Historia. En el manejo de fuentes y documentos que deben incorporarse a la conversación académica. De ahí que la lectura de El terror bolivariano sea un verdadero hallazgo para quienes, a la hora de conocer y comprender el pasado, perseguimos algo tan huidizo como la verdad.

Sinopsis

Esta es la historia más triste que jamás pudiera acontecer a nación alguna que hubiese entregado tanto como España entregó a América: la religión, la lengua y la cultura.

La presente obra trata los aspectos menos conocidos de la historia de la Independencia de América y, asociado a ella, la magna obra española en ese continente, retratada, principalmente, en la Nueva Granada y Venezuela, dos países claves para comprender el drama que se desarrolló en las dos orillas del Atlántico.

La narración de este drama resulta sorprendente porque no solo se refiere a las épicas batallas, sino porque también es una historia de la crueldad humana y de lo que el autor ha querido denominar el genocidio bolivariano, la carnicería fuera de combate que Simón Bolívar desencadenó contra miles de indefensos o inocentes españoles.

Pablo Victoria cuenta magistralmente la verdad de aquellos tristes acontecimientos, sin adornos y sin miramientos.

Pablo Victoria es colombiano de nacimiento y de nacionalidad española. Tiene un doctorado en Economía en Estados Unidos y otro en Filosofía en España. Es catedrático universitario, Senador y Parlamentario del Congreso de Colombia, y precandidato a la Presidencia por el Partido Conservador de Colombia. Es autor de más de veinte libros, entre ellos: Foundations of Economic Development, Macroeconomía analítica, La sociedad postliberal y sus amigos, España contraataca, La Nueva Granada contra España, La otra cara de Bolívar, Memoria de un golpe y otros y el éxito editorial El día que España derrotó a Inglaterra.

Ha sido profesor de economía en distintas universidades colombianas y conferencista internacional en áreas de Economía, Política e Historia. Condecorado con la Medalla Charry Solano de Inteligencia Militar por el Ejército de Colombia y por la Academia Bolivariana de Historia, ha obtenido la mención de honor del Congreso de la República. Es miembro de la Academia Bolivariana de Historia, de la Academia de Historia Eclesiástica de Bogotá y de la Sociedad Colombiana de Economistas; es Caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén (Capítulo Noble de Castilla), del Capítulo Noble de Fernando VI y Gran Cruz de la Hermandad Monárquica de España.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.