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«El proyecto de la bruja de Blair» (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999)

Introducir una película como esta, sobre todo al cabo de los años, implica destacar aquello en que fue más interesante. En realidad, no hablamos de una producción memorable por su calidad, sino por otros motivos.

El proyecto de la bruja de Blair no es un largometraje de alto nivel, ni una película de terror sólida, equiparable a los clásicos del género. En realidad, su interés reside en aciertos de otra naturaleza. Para empezar, aplica la fórmula del falso documental de un modo que, en su fecha de estreno, resultó verosímil y tremendamente eficaz. Por otro lado, fue una de las películas que, pese a la humildad de su presupuesto (o precisamente por ello), supo aprovechar mejor los recursos de internet, generando interacción con su público potencial y publicando relatos, en apariencia auténticos, vinculados a la historia que se narraba en pantalla. De hecho, a su modo, impulsó el creciente fenómeno del creepypasta. Todo ello es algo que hay que atribuir a un publicista de gran talento, Harry Clein.

Sin duda, The Blair Witch Project fue todo un evento. Quizá no tan impactante como otras cintas con las que guarda un lejano parentesco ‒Holocausto caníbal (1980), de Ruggero Deodato, o la televisiva Ghostwatch (1992), de Lesley Manning‒, pero lo bastante atractivo como para convertirse en un éxito y en un fenómeno social.

Más de dos décadas después de su estreno, sus métodos promocionales, basados en internet, se han convertido en algo habitual. Sin embargo, en aquellos días, casi todo lo que se hizo en este caso supuso una novedad.

Aunque hoy parece superada por el aluvión de falsos documentales que propició, The Blair Witch Project aún figura como un ejemplo muy significativo de este subgénero. Desarrollada por sus creadores en 1994, a partir de un borrador de 68 páginas, la película fue rodada, o más bien improvisada, en el parque de Seneca Creek, en el Condado de Montgomery, Maryland.

Cómo se hizo

¿Qué decir de su trama? Para empezar, vamos a creernos la historia que se nos narra como si fuera real. Al parecer, el 21 de octubre de 1994, Heather Donahue, Joshua Leonard y Michael Williams penetraron en los bosques de Black Hills Forest, en Maryland, para rodar un documental sobre una leyenda local: «La Bruja de Blair». Nunca más se supo nada de ellos.

Un año más tarde, se halló el material que habían rodado. El proyecto de la bruja de Blair es su legado. La película informa sobre los cinco angustiosos días que los cineastas soportaron en el bosque Black Hills, y capta todos los terribles hechos que les condujeron a su desaparición.

Según nos hacen creer Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, los auténticos realizadores, la cinta original fue rodada en 16 mm. por Joshua Leonard, con sonido de Michael Williams. Heather Donahue fue la narradora y encargada del making-of. Sus grabaciones en video High-8 reflejan las crecientes grietas de relación entre los realizadores, así como el curso de su misión, mientras van pasando cada uno de los frustrantes días y terroríficas noches.

En El proyecto de la bruja de Blair el miedo se muestra en primera persona. Tres jóvenes cineastas se ven arrastrados hacia una pesadilla viviente. Y la cámara, que observa exactamente lo que ellos ven, ni más ni menos, transmite su horror y progresiva deterioración.

Se trata del tipo de terror que genera las reacciones más primarias en el hombre: desorientación, pánico, miedo de haberse perdido irremisiblemente, hambre, y horror sólo de pensar que no se va a salir vivo de ésta. Provocando una atmósfera genuina, El proyecto de la bruja de Blair desorienta de un modo que los thrillers más tradicionales nunca contemplarían. Además, muestra a un protagonista nada convencional: una joven mujer de talante fuerte que genera su propia fortuna y es responsable de las consecuencias.

Al partir de una iniciativa de cinco apasionados por el cine y aficionados al ciberespacio conocidos colectivamente como Haxan Films, El proyecto de la bruja de Blair también fue singular en otro aspecto.

Ed Sánchez, Dan Myrick y Gregg Hale ampliaron los límites del trabajo en equipo, yendo incluso tan lejos como para compartir créditos y intercambiar roles.

«Hicimos piña y nos intercambiábamos los cometidos continuamente» –nos dice Myrick–, «lo que era absolutamente esencial en un rodaje como este. Primero, Ed y yo escribimos la idea que habíamos generado en la escuela de cine, y Greg hizo su inversión. Durante el rodaje, estuve siguiendo a los actores a través de los bosques mientras Ed escribía notas de desarrollo. Los tres acostumbrábamos a revisar el material de cada día para planear el día siguiente. Por último, Ed y yo nos encargamos de la mayor parte del montaje».

«Rob Cowie y Mike Monello se nos unieron en la fase de post-producción, pero los cinco ya se conocían –añade Myrick– desde que habían estado intercambiando ideas y trabajando juntos en películas de los primeros cursos del programa cinematográfico de la Universidad de Florida Central. Debido a que el programa del centro era nuevo, los cinco amigos tuvieron un libertad inusual para explorar prácticamente cada uno de los aspectos relacionados con la producción de un film.

Durante los cinco o seis años posteriores a la graduación, cada uno de ellos adquirió mayor experiencia profesional.

Orlando, Florida, al que Myrick se refiere como el «Hollywood de la costa Este», ofrecía un entorno singularmente propicio para ellos. «Se trata de un lugar extraordinario para que los cineastas comiencen –opina–, porque el proceso es relativamente barato y existe mucha gente ansiosa de adquirir experiencia».

Para conseguir que El proyecto de la bruja de Blair fuera una experiencia inolvidable sin parangón con cualquier otra, los autores de la película emplearon una técnica particularmente desacostumbrada y de gran riesgo: «La filmación del procedimiento».

El objetivo era lograr una sensación de realismo absoluto emulando las imperfecciones y el caos del rodaje de un auténtico documental de gran impacto. Dado que se supone que los personajes están rodando la película, los actores fueron entrenados durante dos días en el manejo de la cámara, y luego se les abandonó a su suerte.

Improvisaron de principio a fin; la película fue rodada en tiempo real a lo largo de ocho días. El resultado fue algo más parecido a unas maniobras de supervivencia que a un plató cinematográfico. De hecho, uno de los responsables del film había estado en las Fuerzas especiales del Ejército norteamericano, y su experiencia contribuyó en la manera de abordar la situación.

Greg Hale tuvo en cuenta ciertas técnicas del programa especial de entrenamiento del Ejército por el que pasó. «Pensaba en conseguir algo parecido con nuestros actores –recuerda–. Habitualmente, la conciencia aísla al individuo ante el miedo extremo.

Pero si hacia el final de la película, que es cuando acontecen cosas de gran intensidad, lográramos desgastar a los actores tanto física como mentalmente, éstos conectarían con una región de la psique que normalmente no se toca. El aislamiento desaparecería y reaccionarían de un modo más primario».

Durante el rodaje, los actores se desplazaron de un punto predeterminado a otro punto predeterminado, encontrándose con actores establecidos al efecto (y con civiles ocasionales) con quienes interpretaron escenas improvisadas. La dirección se limitó a escribir notas y a pasárselas a los actores a lo largo del trayecto. Esto fue bastante fácil durante los dos días que los actores estuvieron en la ciudad. Pero se hizo mucho más difícil cuando se internaron en los bosques del Seneca Creek State Park de Maryland.

Aquí, los actores dependían del GPS para desplazarse por entre los árboles, y el equipo de producción empleó el GPS y viejos y eficaces sistemas de rastreo para seguirles la pista.

Las notas, efectos personales, y alimentos les fueron suministrados por medio de cestos marcados con banderines de bicicleta de color naranja de gran luminosidad.

Pese a que, en términos generales, los actores recibieron información acerca de la naturaleza de lo que iban a afrontar con antelación suficiente, no fueron advertidos de los pormenores. En lugar de ello, avanzaron a través de los bosques reaccionando sobre la marcha ante lo que iba presentándose, mientras lo iban rodando / grabando.

Para preparar sus hostigamientos nocturnos, el equipo de producción tuvo que moverse con gran sigilo y capacidad de invisibilidad por entre los árboles y a oscuras –en ocasiones a lo largo de una milla, o más–, empleando iluminación por luz roja.

A medida que la historia progresaba, el guión se transformaba añadiendo incluso mayores cotas de realismo: se les pidió a los actores que se alejaran más cada día con cantidades de comida cada vez menores.

Para cuando los actores llegaron a la cabaña en que se desarrolla el clímax de la película, se hallaban en un estado físico y mental realmente deteriorado. Sin embargo, valió la pena afrontar los riesgos que comportaba la filmación del procedimiento: el terror reflejado en las interpretaciones de los actores hubiera sido difícil de obtener, si no imposible, por cualquier otro método.

Ingeniosa por cuanto a sus técnicas de filmación, El proyecto de la bruja de Blair también rompe con las reglas de los personajes convencionales de las películas de miedo, particularmente en lo que se refiere a Heather. Lejos de ser un tierno y pasivo corderito camino del matadero, Heather encarna a un director de talante recio al cargo de todo el proyecto y responsable de conducir a todo su equipo en este viaje de amenazas crecientes.

«Ella es real» –dice Heather Donahue, que obtuvo la inspiración para su personaje en un cineasta con quien había trabajado anteriormente–. Se obsesiona con llevar a término su trabajo y es ambiciosa, enérgica y sagaz».

Por encima de todo, el proyecto se planteó en su momento como una mirada hacia el futuro: al vincular una película a una página web, los dos medios de comunicación se unían en un tipo de relación simbiótica. Y se invitaba al público a penetrar un mundo imaginario que abarca tanto la gran pantalla como otros extremos que van más allá.

El equipo de cinco cineastas inventó el complejo y pormenorizado mundo que da cuerpo a la historia de la película, un mundo que empieza en 1785 en el término municipal de Blair, situado en la parte septentrional del centro de Maryland.

Del proyecto surgió todo un mundo sobre la Bruja de Blair que se situó en un cuadro cronológico que cubre los dos siglos previos a los hechos de la película.

Esta leyenda tiene en cuenta cada uno de los elementos antiguos conservados desde generaciones, incluyendo la única copia existente de un libro editado en 1809 cuyo título es «El culto a la bruja de Blair», y también un rollo de película que data de la década de los años cuarenta sobre la asesina en serie responsabilizada de la muerte de siete niños.

También se dispuso de fotografías de los famosos lugares donde acontecieron los hechos atribuidos a la bruja de Blair, tales como el Tappy East Creek y Coffin Rock.

Con relación a la historia más reciente, vinculada a Heather y a su equipo cinematográfico, uno de los documentos más fundamentales era el conocido simplemente como «El diario de Heather», escrito por Heather Donahue en el curso de sus angustiosos ocho días en el bosque.

Una vez que la policía tomó cartas en el asunto, aparecieron evidencias provenientes de la escena del crimen que vierten cierta luz sobre la historia de lo que ocurrió.

Entre ellas había documentos «oficiales» sobre la desaparición del equipo cinematográfico, ilustrativas fotografías policiales de los lugares del crimen, «auténticas» instantáneas en blanco y negro realizadas por Heather en los bosques, y latas de película cinematográfica así como cintas de video abandonadas atrás en el lugar.

La historia de la bruja de Blair

El término municipal de Blair estaba localizado en la parte septentrional del centro de Maryland, a dos horas de Washington. D.C.

Febrero de 1785

Varios niños acusan a Elly Kedward de haberles engañado llevándoles a su casa para extraerles la sangre. Kedward es acusada de brujería, desterrada de la población en medio de un invierno particularmente cruento, y dada por muerta.

Noviembre de 1786

En pleno invierno, todos los que acusaron a Kedward así como la mitad de los niños de la población desaparecen. Temiendo una maldición, la gente del pueblo huye de Blair y juran no pronunciar el nombre de Elly Kedward nunca más.

Noviembre de 1809

Se publica «El culto a la bruja de Blair». Este singular volumen, comúnmente considerado una invención, habla de una población que por entero sufrió una maldición proferida por una bruja proscrita.

1824

Se construye la ciudad de Burkittsville en el lugar de Blair.

Agosto de 1825

Once testigos afirman haber visto la mano de una mujer pálida alcanzar y arrastrar a la niña de 10 años Eileen Treacle hacia las aguas del Tappy East Creek. Nunca se halló su cuerpo. Durante los 13 días posteriores al ahogo, se obstruye el río con manojos de estacas engrasadas.

Marzo de 1886

Se informa de la desaparición de Robin Weaver, de 8 años de edad; se organizan grupos de búsqueda. Weaver reaparece, pero no así uno de los grupos. Se encuentra sus cuerpos semanas después en Coffin Rock con las manos y los pies atados y totalmente vacíos de entrañas.

Noviembre de 1940  mayo de 1941

Empezando por Emily Hollands, resultan secuestrados un total de siete niños en torno a la área que circunda Burkittsville, Maryland.

25 de mayo de 1941

Un viejo eremita llamado Rustin Parr hace aparición en un mercado local y dice a la gente que allí se halla «haber acabado, por fin». Cuando la policía, después de cuatro horas de avanzar a pie a través de los bosques, llega a su aislada guarida, halla en el sótano de ésta los cuerpos de los siete niños desaparecidos. Cada uno de ellos ha sido asesinado y desventrado de modo ritual. Parr explica todo con detalle, y dice a las autoridades que obró así obligado por el «fantasma de una anciana» que moraba los bosques próximos a su vivienda. Con gran celeridad, es condenado y ahorcado.

20 de octubre de 1994

Los estudiantes del Montgomery College Heather Donahue, Joshua Leonard y Michael Williams llegan a Burkittsville para entrevistar a sus habitantes acerca de la leyenda de la bruja de Blair para un proyecto de clase. Heather entrevista a Mary Brown, una anciana enajenada por completo que ha vivido en la zona toda su vida. Mary afirma haber visto a la bruja de Blair cierto día, cerca del Tappy Creek, bajo la apariencia de una bestia peluda, mitad humana mitad animal.

21 de octubre de 1994

Abriendo el día, Heather entrevista a dos pescadores que informan a los cineastas de que Coffin Rock está a menos de 20 minutos de la población, fácilmente accesible por medio de un viejo sendero que se usaba para el transporte de troncos. Poco después, los cineastas se adentran a pie en el Black Hills Forest para no ser vistos nunca más.

25 de octubre de 1994

Se descubre el primer rastro. Avanzado el día, aparece el coche de Josh aparcado en la carretera de Black Rock.

26 de octubre de 1994

La policía del Estado de Maryland organiza la búsqueda por la zona de las Black Hills, una operación que se mantiene durante 10 días y que llega a contar hasta con 100 hombres con el auxilio de perros, helicópteros e incluso una formación de aviones suministrada por un Departamento de Defensa satélite.

5 de noviembre de 1994

Se abandona la búsqueda después de 33.000 horas fallidas sin haber logrado una sola pista de los cineastas o de cualquiera de sus efectos. La madre de Heather, Angie Donahue, inicia una exhaustiva búsqueda personal de su hija y de sus dos compañeros.

19 de junio de 1995

El caso se declara inactivo e irresoluto.

16 de octubre de 1995

Estudiantes del Departamento de antropología de la Universidad de Maryland descubren una bolsa de lona conteniendo latas de película, cintas de audiocassette, videocassettes, una cámara de Hi–8, el diario de Heather y una cámara cinematográfica CP–16; se hallaba enterrada bajo el suelo de una cabaña con más de 100 años de antigüedad.

Cuando se examinan las pruebas, el sheriff de Burkittsville, Ron Cravens, informa que los 11 rollos de película en blanco y negro y las 10 cintas de video Hi–8 pertenecen, efectivamente, a Heather Donahue y a su equipo técnico.

15 de diciembre de 1995

Después de un primer examen de los contenidos de la bolsa, se muestra a los familiares fragmentos seleccionados del metraje cinematográfico. Según Angie Donahue, aparecen varios hechos poco comunes pero nada lleva a una conclusión. Las familias ponen en tela de juicio la minuciosidad del análisis y solicitan una nueva revisión.

19 de febrero de 1996

Se les muestra a las familias una segunda selección de fragmentos que los oficiales de la ley locales consideran falsos. Ofendida, la Señora Donahue aparece en público con críticas y el sheriff Cravens prohibe todo acceso a las pruebas, una prohibición que no logran levantar dos juicios.

1 de marzo de 1996

El departamento del sheriff informa de que las pruebas no son concluyentes, y el caso es declarado nuevamente inactivo e irresoluto.

16 de octubre de 1997

Se entrega a las familias de Heather Donahue, Joshua Leonard y Michael Williams el metraje hallado con los últimos días de sus hijos. Angie Donahue firma un contrato con Haxan Films para examinar el material y recomponer juntos las piezas de los hechos acaecidos entre el 20 y el 28 de octubre de 1994.

La página web

A mediados de los noventa, El proyecto de la bruja de Blair se convirtió en un fenómeno tanto en el mundo del cine independiente como en Internet, meses antes de su estreno cinematográfic. De hecho, podemos hablar de un ejemplo pionero de marketing viral, que luego inspiraría otras muchas campañas.

Desde junio de 1998, cuando los responsables del film decidieron abrir una página web en la red dedicada en su casi totalidad a El proyecto de la bruja de Blair, la lista del buzón de su correo electrónico creció de un par de docenas de amigos a casi 2.000.

Copyright de «Cómo se hizo» e imágenes © Artisan Entertainment. Cortesía de Lauren Films. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.