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El fusilamiento de Torrijos

A las once y media del día 11 de diciembre de 1831, en la playa de San Andrés de Málaga, fueron fusilados José María de Torrijos Uriarte y sus cuarenta y ocho compañeros.

José María de Torrijos había nacido el 20 de abril de 1791 en la madrileña calle de Preciados. Destacado héroe en la Guerra de Independencia, pronto comenzó a conspirar contra Fernando VII. Participa por ello en la conspiración del general Lacy que pretendía levantar al ejército en Andalucía, pero el plan fracasa y Torrijos es enviado a prisión hasta que es liberado tras el levantamiento de Riego en 1820 que inicia el Trienio Liberal. Pero en 1823 El Felón pide ayuda a las potencias extranjeras para restituir el absolutismo y estas envían a España a “los Cien Mil Hijos de San Luis”. Habiendo sido nombrado comisario de guerra, Torrijos lidera la resistencia contra este ejército hasta que, comprendiendo que la victoria es imposible, negocia un convenio con los franceses.

Exiliado en Marsella, comprende que los franceses se han pasado las condiciones de la capitulación por el Arc de Triomphe y se marcha a Inglaterra, donde entra en contacto con los demás exiliados liberales. Allí conocerá a Robert Boyd (el joven pelirrojo con levita marrón que aparece esposado en el famoso cuadro de Antonio Gisbert). Boyd, fascinado por Torrijos, se compromete a ayudarlo con todos los medios a su alcance.

Los conspiradores consiguen equipar una fragata con la que llegan a Gibraltar en el otoño de 1830. Tras varios intentos fallidos de tomar Algeciras, un amigo que firma como “Viriato” le envía varias misivas a Torrijos, informándole de que Vélez Málaga sería el lugar idóneo para desembarcar, y que habiendo logrado la adhesión de Málaga, Andalucía entera se levantaría contra Fernando VII.

Torrijos cae en la trampa urdida por su antiguo compañero de armas, el gobernador de Málaga Salvador González Moreno, que es quién se esconde bajo el seudónimo de Viriato. Los sublevados salen de Gibraltar el 30 de noviembre y enseguida son interceptados por el buque Neptuno, lo que les obliga a desembarcar en Algeciras y huir hacia Mijas y posteriormente a Alhaurín de la Torre.

Son finalmente sitiados y deciden rendirse. Permanecieron unos días encerrados en Málaga, hasta que llegó una nota escrita de su puño y letra por Fernando VII en la que decía: “Fusiladlos a todos”.

Junto a varios marineros y artesanos, fueron fusilados los militares Francisco de Borja Pardio (el hombre que, en el citado cuadro, se encuentra al lado del que lleva una barretina); el teniente coronel que había destacado en la defensa de Cartagena con Torrijos, Juan López-Pinto; y el también héroe de la Independencia Francisco Fernández Golfín (el hombre mayor al que un fraile tapa los ojos con una venda). El otro hombre al que Torrijos coge la mano es Manuel Flores Calderón, presidente de las Cortes durante el Trienio Liberal.

A Torrijos se le negaron sus dos últimas peticiones: la de que no le vendaran los ojos y la de que le permitieran dar la orden de fuego al pelotón de fusilamiento. La noche anterior a su muerte escribió a su mujer Luisa Carlota Saénz de Viniegra: “Amadísima Luisa mía: Voy a morir pero voy a morir como mueren los valientes. Sabes mis principios, conoces cuán firme he sido en ellos y al ir a perecer pongo mi suerte en la misericordia de Dios, y estimo en poco los juicios que hagan las gentes. Sin embargo, con esta carta recibirás los papeles que mediaron para nuestra entrega, para que veas cuán fiel he sido en la carrera que las circunstancias me trazaron y que quise ser víctima para salvar a los demás. Temo no haberlo alcanzado, pero no por eso me arrepiento. De la vida a la muerte hay un solo paso y ese voy a darlo sereno en el cuerpo y el espíritu. He pedido mandar yo mismo el fuego a la escolta: si lo consigo tendré un placer y si no me lo conceden me someto a todo, y hágase la voluntad de Dios. Ten la satisfacción de que hasta mi último aliento te he amado con todo mi corazón. Considera que esta vida es mísera y pasajera y, que por mucho que me sobrevivas, nos volveremos a juntar en la mansión de los justos, a donde pronto espero ir, y donde sin duda te volverá a ver, tu siempre hasta la muerte”. José María de Torrijos.

Su cuerpo y el de sus compañeros fueron enterrados en el cementerio de San Miguel. En la actualidad, los restos de casi todos ellos reposan dentro de tres cajas –plomo, caoba y cedro– bajo el obelisco situado frente a la casa natal de Picasso.

El presidente del Consejo de Ministros, Práxedes Mateo Sagasta, encargó en 1886 a Gisbert (director del Museo de El Prado durante el Sexenio Revolucionario) el cuadro al que nos hemos referido: una obra histórica que refleja perfectamente cómo mueren los héroes.

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María Ortigosa

María Ortigosa

Historiadora y profesora de español como lengua extranjera.