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Doña Simona

Los setenta años de El segundo sexo publicado hace tanto por Simone de Beauvoir corre algunos peligros. El tiempo puede haber avejentado el texto. Las relaciones amorosas de Simone, ampliamente documentadas, se entremezclan con la lectura de sus obras. La cuestión de la mujer ¿es asunto de mujeres suficientemente libres o ha de tratarse sólo a través de organizaciones feministas?

Ciertamente, el existencialismo fue un mundo muy –acaso demasiado– biografiado. Su reclamo de la espontaneidad como base de la libertad llevó con abusiva facilidad a “contarlo todo”. Quienes asistieron a  ese fenómeno cultural de posguerra aceptaron con cierta ligereza la imagen de unos intelectuales ajenos a las instituciones de la cultura que deambulaban por pensiones y cafés, con cierto certificado de promiscuidad.

Desde luego, Simone es feminista por su defensa de la mujer en tanto sexo igualitario al del varón. Ni segundo ni secundario, ni subalterno ni dependiente. Distinto pero parigual. Por lo mismo, ninguna mujer tiene por qué obedecer a una dirigente de su propio sexo por el mero hecho de la identidad sexual. Ser feminista no deja de serlo desde la individualidad personal de cada mujer. Que Sartre llamara a Simona como El Castor, en masculino, hoy no toca.

Naturalmente, un libro de tal extensión y tal fecha puede someterse con facilidad a críticas y cuestionamientos. Dada la brevedad de este espacio sólo me permito dos veloces apuntes.

Uno es la pluralidad de las fuentes. Simone se vale de datos científicos, de encuestas sociológicas y textos legales lo mismo que de experiencias personales, testimonios y fuentes literarias. No se detiene en la objetividad impersonal del asunto porque el asunto la involucra. Tampoco se puede objetivar científicamente una experiencia en curso, en especial si uno –o una– es existencialista –género epiceno.

Y otro, y el más importante a mi modo de ver: la mujer humana no es un fenómeno natural regido por la fatalidad biológica sobre la cual se asienta una supuesta alma femenina. No es la mera hembra de la especie sino un constructo cultural que tiene historia, y por eso la fecha del libro es decisiva. En efecto, los movimientos por la conquista de los derechos sociales y las libertades públicas de las mujeres no casualmente se dan cuando ellas, empujadas por la necesidad económica y la despoblación laboral masculina provocada por las guerras mundiales, salen de casa y trabajan asociadas en lugares públicos decentes. Muy imbricada en lo existencial, Simone concluye que ser mujer no es cuestión sólo de nacimiento sino de devenir, de vida vivida, de existencia. Y quien dice existir, dice coexistir. Sin dimisión pero, como siempre ocurre en cuestiones de libertad, con responsabilidad. Por decirlo utilizando palabras simonianas: la víctima sólo lo es a medias. La otra mitad es cómplice.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")