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Daniel H. Pink: «Si somos más conscientes del tiempo, podremos trabajar de manera más inteligente y vivir mejor».

En su libro ¿Cuándo? La ciencia de encontrar el momento preciso, Daniel H. Pink, explora un tema apasionante: el impacto de cada momento del día en nuestra capacidad intelectual, en nuestra creatividad y en nuestras emociones.

Esta variación en el rendimiento de esos cronómetros internos de cuerpo y cerebro, analizada a partir de diversas disciplinas ‒desde la biología y la endocrinología al big data‒, le permite a Pink recomendarnos un nuevo estilo de vida, más organizado y coherente con nuestra naturaleza. Como se puede comprobar en su libro, hacer caso a estas investigaciones tendría un claro efecto en nuestras vidas, pero también en nuestro desempeño profesional, y por extensión, incluso en la economía o en la educación.

Esos ritmos se detectan asimismo en la salud pública. Sólo les adelantaré, a modo de curiosidad, este detalle que nos comenta Pink: según los estudios que ha manejado, en los exámenes de tarde ‒comparados como los exámenes matutinos‒ los endoscopistas encuentran la mitad de pólipos en las colonoscopias que realizan. De igual modo, los médicos tienden a prescribir más antibióticos innecesarios por la tarde que por la mañana. El motivo no es otro que esos ciclos internos que la ciencia empieza a estudiar, y que dependiendo del momento del día y de nuestro descanso, propician mejores o peores decisiones.

Como demuestran desde hace años sus columnas en Wired y en otros medios, la trayectoria de Daniel H. Pink es la de un nómada del conocimiento. En la actualidad, sus libros alcanzan de inmediato la lista de los bestsellers del New York Times, un periódico en el que, por cierto, también colabora. Antes de emprender esta labor divulgativa, se licenció en Derecho por la Universidad de Yale, y entre 1995 y 1997, trabajó en la Casa Blanca, como redactor jefe de discursos del vicepresidente Al Gore. Asimismo, fue el presentador y productor ejecutivo de la serie Crowd Control, del National Geographic Channel.

Vivimos en la era de la distracción. Sin duda, la tecnología nos ayuda en muchos aspectos, pero por otro lado, las redes sociales, los videojuegos, o la consulta compulsiva a los teléfonos móviles pueden atraparnos hasta el punto de disminuir nuestra capacidad de concentración. ¿Cree que su obra puede resultar útil para los lectores que han perdido el control de su tiempo a causa de las nuevas tecnologías?

Quizás. Las nuevas tecnologías tienen muchos, muchos beneficios… Pero también debemos recordar algo importante: nuestro cerebro y nuestro cuerpo evolucionaron en un mundo muy distinto. Por consiguiente, si entendemos con mayor claridad cómo funcionan nuestro cerebro y nuestro cuerpo, y en particular, cómo se ven afectados por el tiempo, creo que podemos usar la tecnología de una manera más efectiva.

En su libro El hombre y el tiempo, el dramaturgo J.B. Priestley señalaba en 1964 que ciertos seres humanos, de una forma misteriosa, parecen ser conscientes del tiempo real del que disponen. Es como si en sus cerebros hubiera un reloj que ordena sus vidas, o quizá un calendario que les susurra lo que tienen que hacer en cada momento. Tras leer ¿Cuándo?, he tenido la sensación de que la ciencia, desde una perspectiva multidisciplinar, nos puede ayudar a ajustar ese reloj. ¿De verdad es esto posible?

Probablemente. De hecho, una de las ideas centrales de mi libro es que no nos tomamos las preguntas vinculadas al «cuándo» tan seriamente como cuando nos preguntamos «qué» y «quién». La ciencia, sin embargo, sugiere que estos interrogantes temporales tienen un efecto material en nuestro bienestar y en nuestro rendimiento. Por consiguiente, si somos más conscientes del tiempo, como esas personas que describe Priestley, y prestamos atención a la ciencia, podremos trabajar de manera más inteligente y vivir mejor.

En general, nuestra relación con la idea del tiempo es ambigua. Por una parte, sabemos que se agota y que es un bien limitado en nuestra existencia. Pero por otro lado, nos encanta perderlo, e incluso empleamos expresiones tan signiticativas como «matar el tiempo». Su libro nos habla de un manejo efectivo de nuestras rutinas, y a partir de diversas investigaciones, nos ayuda a descubrir en qué medida el momento elegido interviene en nuestras decisiones o en nuesta creatividad. ¿En qué medida influye, realmente, ese reloj biológico en nuestras habilidades cognitivas?

Si somos conscientes de ello ‒es decir, si reconocemos que el tiempo es una ciencia en lugar de un arte‒, podremos usar estos efectos psicológicos a nuestro favor en lugar de ser sus rehenes. Le pondré un ejemplo: deberíamos hacer nuestro trabajo analítico durante las horas que son nuestro punto óptimo del día

A propósito de esto, usted menciona los ritmos circadianos, que establecen la base rítmica de nuestras vidas, y que tienen un claro efecto en las emociones y en la conducta. Pero también señala que esos patrones no son idénticos para todos…

Así es. Para la mayoría , ese pico del día se detecta por la mañana, temprano. Para aproximadamente el 20% de las personas, sube al final de la jornada. Y es durante ese tramo cuando podemos hacer más y mejores trabajos.

Si reconocemos que los puntos medios tienen un efecto dual ‒a veces nos arrastran hacia abajo, otras veces nos disparan hacia arriba‒, podremos navegar por ellos de manera más efectiva.

Su libro ofrece un amplio repertorio de consejos basados en esas fluctuaciones de nuestras capacidades. En este sentido, viene a ser un manual muy práctico, que nos ayuda a mejorar nuestro rendimiento en diversas áreas. Y por otro lado, es un libro de divulgación científica. ¿Pensó en esa doble faceta desde el principio?

En efecto. La verdad es que yo escribo el tipo de libros que me gustaría leer. Disfruto de ensayos que proponen grandes conceptos, pero a veces, sus autores se niegan a decirle a los lectores qué deben hacer como resultado de esas ideas. De igual modo, a veces los libros prácticos ofrecen consejos, pero a menudo no está claro por qué alguien debería escucharlos. Los libros con los que disfruto de verdad desarrollan grandes ideas, y al mismo tiempo, ofrecen una guía sobre cómo implementarlas en la vida real. Esa parte conceptual hace que las partes prácticas sean más creíbles. Y las partes prácticas, muy a menudo, también sirven para aclarar dichos conceptos.

Hay un tema del libro que me parece de especial interés: la base científica de las pausas reconstituyentes y de los descansos. En particular, se refiere a la siesta. Curiosamente, esta costumbre forma parte de nuestros estereotipos, pese a que la mayoría de nosotros ya no duerme la siesta. Fue más habitual en otras épocas, en las que los españoles tenían que alternar dos trabajos diferentes, o en zonas rurales, durante las horas de excesivo calor. En la actualidad, según las encuestas, los alemanes son los europeos más aficionados a la siesta. Pero en nuestro país, es una costumbre en desuso…

De hecho, ni uno solo de los españoles que conozco duerme la siesta de forma habitual. Aunque quizá deberían tomarla en consideración…

Cierto, en el libro la recomienda. ¿Por qué cree que los españoles deberíamos recuperar la siesta? ¿Cuáles son sus beneficios?

Las investigaciones científicas a propósito de la siesta son bastante persuasivas. La siesta puede agudizar nuestro pensamiento y restaurar nuestra energía mental. Pero resulta que las siestas más efectivas son extremadamente cortas: sólo duran entre diez y veinte minutos. Nos brindan los beneficios reconstituyentes de una siesta, pero sin lo que se llama «inercia del sueño». Es decir, sin esa sensación de aturdimiento que a menudo obtenemos al dormir demasiado tiempo. Por otro lado, la siesta breve ideal tiene un truco. Debemos tomar una taza de café justo antes de dormir. Dado que la cafeína tarda unos 25 minutos en llegar al torrente sanguíneo, cuando uno se levanta, recibe un impulso adicional.

Usted escribe que, a la hora de enfrentamos a los desafíos de la vida, tenemos que ampliar nuestro repertorio de respuestas, e incluir siempre el «cuándo» junto al «qué». ¿Qué fue lo que le inspiró para adoptar este punto de vista?

La verdad es que escribí el libro porque estaba frustrado. Me di cuenta de que estaba tomando todo tipo de decisiones centradas en el «cúando», pero de una manera azarosa e irreflexiva. Busqué a mi alrededor en busca de orientación, y comprobé que ésta no existía. Así que empecé a profundizar en las investigaciones relacionadas con este tema, y encontré un montón de material, distribuido en dos docenas de disciplinas. Me llevó dos años de trabajo ahondar en esos estudios, analizarlos y clasificarlos para obtener algo comprensible. Lo que descubrí durante ese proceso cambió de forma real mi propio comportamiento y mi propia comprensión de cuán importante es el tiempo.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © Alienta Editorial (portada), Nina Subin (fotografía de Daniel H. Pink). Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Colaborador de "La Lectura", revista cultural de "El Mundo". Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Álbum Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.