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Crítica: «La muerte de Stalin» (Armando Iannucci, 2017)

Anoche vi La muerte de Stalin y me pareció no sólo una comedia divertidísima de Iannucci, sino también un buen análisis histórico del final del estalinismo y una crítica brutal al comunismo. En otras palabras, me parece una cinta muy recomendable en su triple faceta: cinematográfica, histórica y ética.

El retrato que hace de Gueorgui Malenkov (al que da vida Jeffrey Tambor), Lavrenti Beria (Simon Russell), Viacheslav Mólotov (Michael Palin), Gueorgui Zhúkov (Jason Isaacs), Lázar Kaganóvich (Dermot Crowley) y, sobre todo, de Nikita Kruschev (Steve Buscemi) es brutal y demoledor.

Iannucci no deja títere con cabeza y expone con crueldad la cobardía asesina de aquella cuadrilla de psicópatas en la noche del 2 de marzo de 1953, cuando muere el tirano, y en los días posteriores.

La actitud de Mólotov (fantástico Michael Palin) ante la acusación de su propia esposa – a la que realmente amaba y cuya sentencia, sin embargo, ratificó– demuestra bien a las claras lo que aquella gente estaba dispuesta a hacer por salvar el pellejo, y no contradecir al «padrecito'» Stalin.

Beria –el jefe del NKVD– era una especie de Himmler comunista, solo que en gordo e inteligente, aunque no lo suficientemente como para evitar caer en desgracia (esta es la parte en donde la película se toma más licencias).

Malenkov, que asumiría durante un corto periodo la secretaría general del PCUS, es un burócrata patéticamente ridículo, e incapaz de tomar decisiones por si mismo. En última instancia, eso aceleró la muerte de Stalin, pues cuando se descubrió que había tenido una hemorragia cerebral nadie fue capaz de reaccionar con la celeridad que exigía la crisis. Es más: cuando empezaron a tomar decisiones, se dieron cuenta de que no quedaba vivo ningún médico especialista para tratar a Stalin, pues todos ellos habían sido recientemente asesinados tras el llamado «complot de los médicos» (¡A su médico de cabecera se lo cargaron por recomendarme descanso al dictador!).

El personaje de Kruschev es quizás uno de los peor parados, al menos si conocemos su «antiestalinismo sobrevenido» tras la muerte del zar rojo, y sobre todo, su discurso secreto ante el Soviet supremo denunciando los crímenes estalinistas.

La historia ha demostrado claramente que él fue también cómplice y actor de aquellos crímenes que luego denunció tácticamente, y todo ello se muestra en la película en unos diálogos que parecen de astracanada, y que probablemente sean actas literales de reuniones reales.

La cinta está basada en el cómic francés La Mort de Staline (2010-2012), del dibujante Thierry Robin y el guionista Fabien Nury. No obstante, creo que también está inspirada parcialmente en otro estupendo ensayo biográfico sobre Stalin, La corte del Zar rojo (2003), de Simon Sebag Montefiori, cuya lectura recomiendo.

Sinopsis

La noche del 2 de marzo de 1953 murió un hombre. Ese hombre es Josef Stalin, dictador, tirano, carnicero y Secretario General de la URSS. Y si juegas bien tus cartas bien, el puesto ahora puede ser tuyo.

Basada en una historia real, La muerte de Stalin es una sátira sobre los días previos al funeral del padre de la nación. Dos jornadas de duras peleas por el poder absoluto a través de manipulaciones y traiciones.

Copyright del artículo © Fernando Navarro. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Main Journey, Quad Productions. Cortesía de Avalon. Reservados todos los derechos.

Fernando Navarro García

Fernando Navarro García

Fernando Navarro es licenciado en Derecho y coordinó un proyecto humanitario en Angola. Como profesor, ha desarrollado su trayectoria docente en varias universidades y escuelas de negocios (UNED, Universidad Rey Juan Carlos, Carlos III, ESIC, Instituto Universitario Ortega y Gasset y la Escuela de Profesionales de Inmigración y Cooperación de la Comunidad de Madrid). Asimismo, es coautor de "El fenómeno socialista" (ed. crítica y anotada de la obra de Igor Shararevich, Última Línea, 2015), "El delirio nihilista: Un ensayo sobre los totalitarismos, populismos y nacionalismos" (Última Línea, 2018), "Nueve necesarios debates sobre la responsabilidad social" (Comares, 2019), "Inspirando líderes comprometidos: La innovación en valores, una visión para cambiar el mundo" (Última Línea, 2019) y "¡Eureka! Valores. Principios básicos de ética para las organizaciones" (Última Línea, 2020). Entre sus restantes libros, destacan "Estratégicas de marketing ferial" (ESIC, 2001), "Diccionario biográfico de nazismo y III Reich" (Sepha, 2010), "Hitler: Los años desconocidos" (ed. crítica de las memorias de Ernst Hanfstaengl, Última Línea, 2012) y "Responsabilidad social corporativa: Teoría y práctica" (ESIC, 2012).