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Crítica: «Kick-Ass» (Matthew Vaughn, 2010)

¿Qué es lo que lleva a un adolescente a dedicarse a una causa –transformarse en superhéroe– con tanta devoción como para acabar en la cama de un hospital?

El actor Aaron Johnson pelea, huye, reflexiona y se diverte durante toda su interpretación de Kick-Ass, ese justiciero improvisado, con un loco sueño al que aferrarse y un entusiasmo a prueba de cataclismos.

Aunque sólo sea por unos días, ¿por qué no alimentar la fantasía de que uno es un héroe enmascarado? El problema es que, cuando alguien así se enfrenta a un rey de la mafia (Mark Strong), su ingenuidad queda en evidencia.

Después de todo, Kick-Ass viene a ser el alter ego de un chaval a punto para una fiesta de autocompasión: un aficionado a los cómics y a la comida rápida, que de pronto, se ve inmerso en una guerra urbana para la que no está preparado.

Inspirado en la novela gráfica del mismo nombre, el largometraje de Matthew Vaughn tiene las virtudes que ya demostró el cómic de Mark Millar –descaro, ritmo desenfrenado, violencia tarantinesca y referencias pop–, pero añade unos cuantos méritos de cosecha propia.

Ahí es nada: Vaughn redondea mejor que Millar a los personajes y consigue que todos ellos, empezando por los más desquiciados, resulten entrañables. Christopher Mintz-Plasse parece tan divertido como irritante en la piel de Chris d’Amico / Bruma Roja.

Trasformada en una colegiala con esteroides, Chloë Moretz hace creíble, con sus espléndidas maniobras de ataque, a ese torbellino asesino que es Hit Girl. Y Nicolas Cage asume que el único modo de aproximarse al papel de Big Papi consiste en agitar un extraño cóctel, en el que se alternan el Batman de los años sesenta con esas complacencias paternales a lo James Stewart.

Vaughn suaviza los excesos gratuitos al gusto de Millar –¿por qué empeñarse en que el protagonista sea un fracaso en cuestión de amores?–, y construye una comedia de acción donde la mitología de Marvel y DC reluce bajo la lupa del humor.

Gamberra, y al final, estimulante, la película de Vaughn, más que definir aquello que hay en el cómic de superhéroes que nos toca tan intensamente, es una excusa para disfrutar contemplando a unos personajes irreemplazables, mientras coquetean con la muerte y prácticamente derriten la pantalla.

Sinopsis

“¿Por qué nadie intenta convertirse en un superhéroe?” Un buen día, Dave Lizewski, el típico adolescente neoyorquino apasionado de los cómics, decide enfundarse un traje de buzo amarillo y verde comprado por Internet, y convertirse en un acérrimo adversario de los delincuentes, el superhéroe Kick-Ass. Pronto descubre la respuesta a la pregunta: porque duele, y mucho. Sin embargo, su entusiasmo puede con la falta de experiencia y supera todas las probabilidades en su contra, convirtiéndose en un auténtico fenómeno y haciéndose con la imaginación de la gente.

Pero no es el único superhéroe del mundo. El valiente y perfectamente entrenado equipo formado por Big Papi y Hit-Girl, un padre y su hija dedicados a luchar contra la delincuencia, está consiguiendo destruir el imperio del mafioso Frank D’Amico gracias a su perseverancia.

Poco a poco, Kick-Ass se adentra en un mundo sin reglas donde reinan las balas y la sangre, y en el que Chris, el hijo de Frank, renace como Bruma Roja, el enemigo jurado de Kick-Ass. El escenario está preparado para el enfrentamiento final entre el bien y el mal. Nuestro superhéroe deberá hacer honor a su nombre o morir en el intento…

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.