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Ciudadano Kane y Santa María la Real de Sacramenia

Tras la sublevación de Riego en Cabezas de San Juan y en pleno Trienio Liberal, el 1 de octubre de 1820 y bajo la dirección del Ministerio de Hacienda de Canga Argüelles, es aprobada por decreto en las Cortes la Ley de Reforma de Regulares. Esta ley suponía la supresión de los conventos con menos de veinticuatro profesos.

Posteriormente fue ordenada la redacción de inventarios. El 25 de octubre fue realizada el del monasterio de Santa María la Real de Sacramenia (Segovia) El abogado don Ramón Cano se convirtió en el nuevo propietario del monasterio un año más tarde, desvalijándolo de manera vandálica en el breve espacio de tiempo que fue suyo. Sólo la iglesia fue respetada íntegramente. Una vez el Duque de Angulema y sus “Cien Mil Hijos de San Luis” pusieron fin al Trienio Liberal, dando comienzo a la Década Ominosa, Calomarde ordenó la devolución de los monasterios a sus antiguos propietarios y el regreso de frailes y monjes a estos.

Los monjes de Sacramenia se encontraron un monasterio desvalijado e inhabitable. Cano fue denunciado y obligado tras sentencia a pagar los setenta mil reales en que fueron tasados los desperfectos. Pero la muerte de Fernando VII volvió a cambiar la suerte de Sacramenia, esta vez con la Desamortización de Mendizábal. Tras el Real Decreto del 11 de octubre de 1835, los bienes de los monasterios se declararon de propiedad nacional y fue ordenada su venta. Sacramenia fue comprado de nuevo por don Ramón Cano, cuya viuda lo vendió posteriormente a don Carlos Guitián y García de Vargas, quien demostró el mismo respeto por el monasterio que su antecesor.

Claustros y salas nobles fueron transformados en graneros, almacenes y establos. Algunos libros y muebles fueron quemados. Otros fueron vendidos como la sillería del coro y el archivo.

En estas condiciones no es difícil imaginar el lamentable estado que acabó teniendo la edificación. La venta y traslado de Sacramenia a Estados Unidos comienza en 1925 con la aparición en escena de Arthur Byne.

Byne, que comenzó sus andanzas en nuestro país con una carta de recomendación de la Hispanic Society, era el encargado en España de la búsqueda de objetos artísticos y elementos arquitectónicos para el magnate de la prensa estadounidense William Randolph Hearst (el mismo en el que se basó Orson Welles a la hora de rodar Ciudadano Kane).

Hearst quería construir un monumental complejo palaciego en California, con auténticas piezas medievales, y encontró en España el país idóneo donde poder conseguirlas. La mala situación económica y sobre todo, la desidia y la falta de conciencia de la clase política, supusieron una auténtica sangría de nuestro patrimonio artístico. Políticos, funcionarios, directores de museos y propietarios irresponsables colaboraron con este saqueo.

Cuando Byne visita Sacramenia cree haber encontrado algo del gusto de Hearst. Inmediatamente envía fotografías y descripciones detalladas del lugar a Julia P. Morgan, la arquitecta colaboradora de Hearst. Aquellos dan su aprobación y Byne compra el monasterio al heredero de don Carlos Guitián por cuarenta mil dólares. Sólo la iglesia se salvó, al creer Byne que era de propiedad estatal.

Las piedras del monasterio fueron numeradas y embaladas en cajas de madera cubiertas de paja y enviadas en carretas y camiones a Peñafiel, desde donde partieron a Valencia en tren. Una vez allí, fueron embarcadas rumbo a los Estados Unidos. El primer envío llegó a Nueva York en marzo de 1926.

Byne había decidido utilizar paja como material de embalaje a pesar de conocer la prohibición en Estados Unidos de la entrada de este producto ante el temor de que pudiera provocar una epidemia de fiebre aftosa. Byne hubiera tenido que utilizar en su lugar virutas de madera pero tendría que haberlas importado de Escandinavia o de Estados Unidos, lo que hubiese encarecido los costes. Las autoridades portuarias interceptaron todos los envíos y se decretó una cuarentena por la cual el cargamento fue inmovilizado durante treinta y seis meses, por lo que Hearst decide abandonar el proyecto.

La Gran Depresión y las imputaciones por impago de impuestos, provocaron la decadencia económica del magnate americano. Hearst se vió en la obligación de desprenderse de algunas de sus posesiones y empresas, así como de las numerosas obras de arte adquiridas a lo largo de los años. Pero las piedras de Santa María de Sacramenia eran difíciles de vender y permanecieron almacenadas durante diez años hasta que los herederos de Hearst se las vendieron a dos empresarios inmobiliarios, que consideraron que un monasterio medieval sería un excelente atractivo turístico para sus proyectos hosteleros en Miami.

Después de muchas dificultades en el montaje de las piedras (ya que el etiquetado era incorrecto o había desaparecido) y del altísimo coste de la operación, el complejo turístico fue abierto al público en 1957. Tras admitir el fracaso empresarial, fue puesto de nuevo en venta y adquirido en 1962 por la Diócesis Episcopal del Sur de Florida, que lo convirtió en parroquia y museo. Hoy en día, el Monasterio de Santa María de Sacramenia, convertido en The Church of Saint Bernard de Clairvaux, goza al fin del descanso y el respeto que no obtuvo en una tierra donde la ignorancia, la codicia y la desidia permitieron que esta muestra de la arquitectura románica castellana fuera arrancada de nuestra historia para que decorara las delirantes mansiones de un magnate americano, comprador compulsivo y maniático sin escrúpulos.

Por cierto, este no fue el único acto de rapiña perpetrado por Byne. También debemos mencionar los siguientes:

Convento de San Francisco de Cuéllar (Segovia). Fue desmembrado entre 1907 y 1927, con la participación de Byne. Algunas partes se encuentran en la Hispanic Society de Nueva York y otras se utilizaron para la reconstrucción de Sacramenia en Miami.

Castillo de Benavente (Zamora). Byne vendió a Hearst parte de su estructura gótica. Se desconoce su paradero.

Colección del Conde de las Almenas. Sus artesonados y el mobiliario están desperdigados por el país.

Reja de la Catedral de Valladolid. Byne se la vendió a Hearst en 1922.

Cuando en 1935 esta sabandija murió en un accidente de tráfico, Blanco y Negro le dedicó la siguiente necrológica: “Ha muerto uno de los hombres que más ha amado a España con el mejor de los amores: con las obras”. Conmovedor.

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María Ortigosa

María Ortigosa

Historiadora y profesora de español como lengua extranjera.