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Argentina, el eterno retorno

En Argentina hay un sistema de primarias más o menos a lo norteamericano que se llama PASO. Ha tenido lugar recientemente y dado una mayoría muy expresiva a las fuerzas peronistas. El candidato a presidente es Alberto Fernández, un antiguo funcionario del gobierno radical luego peronizado y primero equipado por el presidente Kirchner, más tarde opuesto al presidente Kirchner, denostador de su mujer y actual viuda y ¿finalmente? reconciliado con ella, ahora candidata a vicepresidenta.

El derrotado fue el actual presidente de la república, a la vez jefe de Estado y de gobierno, Mauricio Macri, antiguo peronista disidente cuyo candidato a vicepresidente es el peronista Pichetto. La clave de estas cifras son, por una parte, una crisis económica muy desfavorable al gobierno y, por otra, un vaivén muy curioso pero normal en la política argentina. Sergio Massa, peronista kirchnerista que se alejó de los Kirchner para apoyar a Macri, ha vuelto a su antigua querencia.

Si bien se mira esa primarias fueron un combate entre peronistas. Con ello se cumple la profecía de Perón: habrá argentinos de izquierda y de derecha pero todos serán peronistas. Si cabe traducir: en Argentina ha desaparecido la política en tanto sistema de partidos, disuelta en un difuso y a menudo confuso movimiento nacional. Quien se quede fuera de él, se queda fuera de la nación. Llámese esto bonapartismo o integrismo, lo cierto es que se asemeja mucho a una suerte de nacionalismo a medias altanero   medias lamentoso: somos los mejores y nos tratan como si fuéramos los peores. ¿Dónde están quiénes son los enemigos de la grandeza nacional?

Para completar este panorama circular, el país atraviesa una crisis económica que se ha venido repitiendo, al menos, desde mediados de la década de 1950, cuando el primer peronismo acabó con el golpe de Estado de 1955. Las reservas en divisas se han esfumado, el Estado es deficitario, la moneda se hunde y la inflación se dispara. Si se deja la situación en manos del mercado, los índices se acentúan. Si se interviene para estabilizar la moneda, las reservas se agotan y hay que pedir créditos a quienes los pueden dar. Entonces, el Club de París. Hoy, el FMI. Las cosas se aclaran y el enemigo se identifica: es el capital financiero internacional. Ya lo están anunciando los peronistas triunfantes, señalando a los peronistas derrotados como culpables por complicidad.

Estas líneas hacen de la historia argentina una suerte de tío vivo que parte de la llegada para llegar a la partida. De alguna manera, se ha creado una cultura de la crisis que es siempre la Gran Crisis Nacional. Se sabe que hay etapas de esplendor y gasto que desembocan en etapas de austeridad, desocupación, pobreza e incluso extremos de ausencia de circulante y economía de trueque. Siempre, por cierto, con un fondo de moneda extranjera en negro. La mitad del PIB argentino, efectivamente, se produce en la llamada economía informal, o sea en negro. La cultura de la inestabilidad da a la vida argentina esa calidad de improvisación victoriosa que se podría denominar alma nacional. No casualmente, el deporte argentino por excelencia es el fútbol, una guerra simbólica, anhelosa y breve. Vamos muchachos, tenemos una hora y media para ganar o perder. Después, el juez silbará el último minuto y el partido habrá terminado. Una sombría quietud se convertirá en la espera del próximo encuentro.

Imagen superior: fachada de la Casa Rosada (GameOfLight, CC).

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")