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Ante la temporada 2019-2020 del Teatro Real

Finalizada la stagione anterior con una Giovanna d’Arco verdiana donde, de nuevo, Plácido Domingo acudió a su infaltable cita madrileña a punto de cumplir los cincuenta años de su debut en la ciudad que le vio nacer, ahí van unos cuantos comentarios a propósito de la temporada que nos espera.

Para ya avanzado septiembre (exactamente el día 18) se iniciará con un título magno: Don Carlo. Verdi pues abriendo la temporada que antes había cerrado. Una producción de David McVicar que viene de Fráncfort y que contará con tres repartos. Del que desde aquí proponemos, entre los varios nombres seleccionados, el posible equipo ideal: Maria Agresta (Elisabetta), Ekaterina Semenchuk (Eboli), Francesco Meli (Carlo), Luca Salsi (Rodrigo), Michele Pertusi (Filippo) y Mika Kares (Inquisidor). Casi coincide con el primero de los propuestos por el teatro. El montaje que dirigirá Nicola Luisotti salvo dos funciones asignadas al joven gallego Diego García Rodríguez,  sustituye al imponente ofrecido años atrás por Hugo de Ana. La partitura elegida, de las varias posibles, es la distribuida en cinco acto y en traducción italiana, la conocida como “versión de Modena”.

Tras la oscuridad densa del Verdi hispano otro argumento del lugar (teóricamente se desarrolla en el País Vasco) pero más ligero aunque no con menor atractivo: L’elisir d’amore donizettiano. Se trata de la ya conocida concepción “playera” (la tercera en el escenario tras la Stephen Lawless y Mario Gas) en cuyos equipos destacan de inmediato la Adina de Brenda Rae (sin olvidar a Sabina Puértolas) y el Nemorino de Javier Camarena. En el foso, Stefano Montanari.

Continuando con repertorio italiano, Il pirata de Bellini con la batuta de uno de sus mejores especialistas (Maurizio Benini) y con Emilo Sagi en la escena en compañía de habituales asociados (Pepa Ojanguren, Daniel Bianco, Faura), un trabajo que ya gustó en la Scala. Tendrá como una de sus protagonistas a la misma Imogene presente en el escenario milanés: Sonya Yoncheva (con dos canarias en competencia: Yolanda Auyanet, Davinia Rodríguez) además de tres tenores a elegir (Camarena, Celso Albelo, Dmitry Konchak) y otros tantos barítonos (George Petean, Simone Piazzola, Vladimir Stoyanov). Esta intensa partitura belliniana supone su estreno en el Real. Algo tardío si se considera que se escuchó por vez primera en 1827 en la Scala milanesa. Más vale tarde que nunca.

Imagen superior © Javier del Real, Teatro Real.

Regresa la exitosísima Flauta mágica de Barry Kosky y Suzanne Andrade de nuevo con Ivor Bolton a la batuta (en una función, su asistente Komilios Michailidis) y con triple equipo en el que destacan así en un primer vistazo el Tamino del elegante Stanislav de Barbeyrac, la Astrifiammante, como el anterior también francesa, de Sabine Devielhe, la Pamina de Olga Peretyatko, el Papageno de Andreas Wolff y el Sarastro de Andrea Mastroni. Seguro que se agotarán las trece funciones programadas para enero y febrero del 2020.

Witten on Skin del compositor británico George Benjamin supuso un enorme éxito en el Real en 2016, muy en parte gracias a su arrolladora protagonista,  la fascinante soprano canadiense Barbara Hannigan. Ahora vuelve Benjamin con una obra anterior Into the Little Hill un “cuento lírico” para soprano y contralto, dado a conocer en 2010,  que ya pasó por el Liceo barcelonés.

Continuando con la tetralogía wagneriana a cargo de HerasCasado y Robert Carsen, La Walkiria se ofrecerá en el mes de febrero con doble cast vocal en el que se alinean nombres bien asociados al canto del de Bayreuth como Stuart Skelton (Siegmund), Adrianne Pieczonka (Sieglinde), Günther Groissböck (Hunding) o Sarah Connelly (Fricka como en el previo Oro del Rhin). Se suman dos Brünnhilde (Ricarda Merbeth e Ingela Brinmberg) y dos Wotan (James Rutherford y Tomasz Konieczny).

Como “ópera documental digital” (¿?) define Steve Reich sus Three Tales (en las naves del Matadero; la de Benjamin en los Teatros del Canal). Y en un salto temporal hacia atrás bien apreciable se codea esta modernidad con Achille in Sciro de Francesco Corselli, estrenada en el Coliseo del Buen Retiro madrileño en 1744 con texto del inevitable Metastasio. Supone una muy interesante recuperación. Estará a cargo de Bolton y la regista Marianne Clement y entre los cantantes, felizmente, se descubren algunos muy afectos al Barroco como Franco Fagioli, el tenor granadino Juan Sancho o la soprano Francesca Aspromonte, sin olvidar que el conjunto instrumental es la Orquesta Barroca de Sevilla. Conviene aquí recordar que en 2011 en la Zarzuela madrileña se cantó un Farnace con música al alimón de Vivaldi y Corselli y en el Palacio Real en 2005 Il cuoco únicamente responsable de su música el segundo compositor citado que estuvo afecto a la corte española  del Dieciocho durante tres décadas.

Otro salto de nuevo en el tiempo: Lear de Aribert Reimann, ese argumento shakesperiano que se le resistió al gran Verdi pero no a su contemporáneo Antonio Cagnoni ni al cercano en el tiempo Aulis Salinen (tiene un King Lear de 1999). La propuesta del Real cuenta con un atractivo irresistible: Bo Skovhus como el atormentado y dubitativo monarca y con sus tres hijas cubriendo la total vocalidad femenina (soprano, mezzo, contralto): Ángeles Blancas, Erika Sunnegardth y Susanne Resmark. En el foso, otra mujer: Simone Young y en la escena, Calixto Bieito que, esperemos, se moleste en contar la obra tal como es y no tal como la quiera él entender.

Otro Verdi, el de Traviata volverá con nada menos que cuatro equipos de complicada elección. Van los cuatro para ya ir permitiendo decisiones: Nadine Sierra, Lisette Oropesa, Ekaterina Bakanova y Lana Koss (Violetta), Michael Fabiano, Ivan Magri, Matthew Polenzani e Ismael Jordi (Alfredo), Plácido Domingo, Artur Rucinski, Nicola Alaimo y Luis Cansino (Germont). Henrik Nánási y Luisotti desde el foso pondrán música al montaje de Willy Decker, que sustituye al hermosísimo de Pizzi y a otro posterior de McVicar.

No hay un Puccini en este curso, pero sí un Mascagni interesantísimo aunque sólo sea en versión concertística: Iris. Suma enteros a ese interés la concurrencia cual protagonista de la excepcional Ermonela Jaho que se verá amparada por el Osaka de Leonardo Capalbo y el Kyoto de Gabriele Viviani. Llega así por vez primera al Real esta ópera orientalita mediante la certera batuta de Evelino Pidò.

Se cierra temporada con un título contemporáneo que ha sido un éxito constante en cualquier teatro que se haya representado, pese  a las reticencias que suelen despertarse ante una obra actual: La pasajera del compositor ruso Miezcyslaw Weinberg, nacido en 1919 y muerto en 1996. David Afkham, el excelente director de la Nacional de España quien posiblemente debute así en escénico foso (en concierto que se recuerde hizo El holandés errante) encuentra aprovechable oportunidad de dar cuenta de su valía teatral gracias a  esta tan magnífica ópera. Cuenta para ello con la infalible ayuda del impresionante montaje de David Pountney que, para los interesados en ello figura ya catalogado en imágenes por el sello Unitel. La pasajera que vivirá una angustiosa travesía marítima es Amanda Majeski, conocida en España por una extraordinaria Vitelia justamente en el mismo Real y la Condesa mozartiana en Oviedo, respectivamente en 2012 y 2015.

Imagen de la cabecera: «Don Carlo» © Monika Rittershaus, Oper Frankfurt.

Copyright del artículo © Fernando Fraga. Reservados todos los derechos.

Fernando Fraga

Fernando Fraga

Es uno de los estudiosos de la ópera más destacados de nuestro país. Desde 1980 se dedica al mundo de la música como crítico y conferenciante.
Tres años después comenzó a colaborar en Radio Clásica de Radio Nacional de España. Sus críticas y artículos aparecen habitualmente en la revista "Scherzo".
Asimismo, es colaborador de otras publicaciones culturales, como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Crítica de Arte", "Ópera Actual", "Ritmo" y "Revista de Occidente". Junto a Blas Matamoro, ha escrito los libros "Vivir la ópera" (1994), "La ópera" (1995), "Morir para la ópera" (1996) y "Plácido Domingo: historia de una voz" (1996). Es autor de las monografías "Rossini" (1998), "Verdi" (2000), "Simplemente divas" (2014) y "Maria Callas. El adiós a la diva" (2017). En colaboración con Enrique Pérez Adrián escribió "Los mejores discos de ópera" (2001) y "Verdi y Wagner. Sus mejores grabaciones en DVD y CD" (2013).