Cualia.es

«Another Girl, Another Planet» (1978), de The Only Ones

Atentos a este chute de punk británico, cosecha de 1978. La canción de los Only Ones es una pequeña joyita que, en apenas tres minutos, convierte en metáfora la emoción y el riesgo de los viajes espaciales (“Space Travel´s In My Blood”, dice una estrofa, “There ain’t nothing I can do about it / Long journeys wear me out / But I know I can’t live without it, oh no”).

Incluida en el debut homónimo de debut, publicado por Columbia en abril de 1978, no consiguió llegar a las listas de éxitos en su momento. Desde entonces, esta canción compuesta por Peter Perrett y producida por John Burns ha sido reeditada y adaptada varias ocasiones.

Por fin, en 1992, llegó al nº 57 de las clasificaciones británicas. Tan bien acabó funcionando que, aunque The Only Ones se separaron en 1982 ‒fecha en que se rescindió su contrato discográfico‒, volvieron a juntarse en 2007. En buena medida, hay que atribuirlo al éxito que estaba teniendo «Another Girl, Another Planet» tras su inclusion en una campaña publicitaria de Vodafone.

«Hay quienes, para ser admitidos en el exclusivo club de los grandes del rock ‒escribe Salvatore Setola en Onda Rock‒, tuvieron que imaginar sonidos inauditos, transportándolos a discos indescriptibles que han marcado eras. Otros, en cambio, entraron rompiendo la puerta, con una canción de tres minutos y un par de solos que valen una eternidad. (…) The Only Ones eligieron el segundo camino. (…) Una pieza de la intensidad de ‘Another Girl, Another Planet’ no se escribe, se vive. No puedes salir a buscar algo así. En todo caso, lo encuentras, como suce de con Dios, el amor o la muerte. No es que la banda de Peter Perrett, formada en Londres en 1976, no tenga algún que otro disco memorable. De hecho, sus tres álbumes oficiales, el homónimo de 1978, Even Serpents Shine (el mejor) del año siguiente y Baby’s Got A Gun de 1980, son cruciales para comprender el traumático viaje del punk hacia la nueva ola. En ese trayecto, The Only Ones desempeñó un papel decisivo, sustentado por una naturaleza melódica poco común, hija del power-pop más persuasivo, que les llevó a repensar el punk desde un ángulo femenino y decadente, heredado de la Velvet Underground. (…) En cierto modo, The Only Ones fue un proyecto genial porque el suyo fue un gesto efímero e inmortal, como todos los gestos. (…) Cuando grabas una pieza del calibre de ‘Another Girl, Another Planet’, ya lo has hecho todo.(…) ¿Hay algo más heroico que el solo de guitarra, que se une al flujo amable de la pulida voz de Perrett? ¿Hay algo más épico que ese crescendo de percusión que desata toda la salvaje sensualidad inherente a la música rock? ¿Y dónde encontrar un interludio instrumental más conmovedor que el que, en medio de la pieza, parece transfigurar la melodía lánguida y mordaz de la canción?».

«Sin embargo ‒aclara Setola‒, este pasaje extraordinario no habla de amor. O al menos no solo de amor. Desde el primer verso, oscila en el fino hilo de la ambigüedad: ‘I always flirt with death / I look ill but I don’t  care about it / I can face your threats / and stand up straight and tall and shout about it’. No, estos versos no hablan sobre una chica (‘another girl’), sino sobre una droga (‘Space travel’s in my blood’). Probablemente se trate de heroína (‘You get under my skin’). Sin embargo, todo amor es, al fin y al cabo, una droga, una sustancia asombrosa capaz de agudizar nuestra sensibilidad y nuestras percepciones, y convertirnos en visionarios. Ahí afuera hay una chica dispuesta a amarnos. Un planeta inexplorado que nos espera. Y no importa tanto ir hasta allí como creer en él. (…) Los arquitectos de este milagro post-punk fueron cuatro chicos de Londres, organizados como el clásico cuarteto (voz y guitarra de Perrett, John Perry como segundo guitarrista, el bajista Alan Mair y el batería Mike Kellie). En el estudio, recibieron en primer término la ayuda de John Burns, y luego la de Robert Ash. A pesar de la corta duración de la canción y del calor instintivo del sonido, las sesiones de grabación de ‘Another Girl, Another Planet’ fueron muy elaboradas. La banda trabajó inicialmente con una grabadora de 16 pistas. En una etapa posterior se vertió el material en una pista de 24, gracias a la cual se pudieron agregar algunos detalles cruciales, como las reverberaciones del íncipit y el cameo casi imperceptible de un órgano Hammond».

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".